Discos duros
Los discos duros miden sus capacidades
de almacenamiento en Megabytes (antiguamente), gigabytes y terabytes. Al menos
hasta ahora estas son las unidades más comunes.
La tecnología inicial aplicada a
los discos duros era relativamente simple. Consistía en recubrir con material
magnético un disco de metal que era formateado en pistas concéntricas, que
luego eran divididas en sectores. El cabezal magnético codificaba información
al magnetizar diminutas secciones del disco duro, empleando un código binario
de «ceros» y «unos». Los bits o dígitos binarios así grabados pueden permanecer
intactos años. Originalmente, cada bit tenía una disposición horizontal en la
superficie magnética del disco, pero luego se descubrió cómo registrar la
información de una manera más compacta.
Dentro de un disco duro hay uno o
varios discos (de aluminio o cristal) concéntricos llamados platos (normalmente
entre 2 y 4, aunque pueden ser hasta 6 ó 7 según el modelo), y que giran todos
a la vez sobre el mismo eje, al que están unidos. El cabezal (dispositivo de lectura
y escritura) está formado por un conjunto de brazos paralelos a los platos,
alineados verticalmente y que también se desplazan de forma simultánea, en cuya
punta están las cabezas de lectura/escritura. Por norma general hay una cabeza
de lectura/escritura para cada superficie de cada plato. Los cabezales pueden
moverse hacia el interior o el exterior de los platos, lo cual combinado con la
rotación de los mismos permite que los cabezales puedan alcanzar cualquier
posición de la superficie de los platos.
Si hablamos de disco duro podemos
citar los distintos tipos de conexión que poseen los mismos con la placa base,
es decir pueden ser SATA, IDE, SCSI o SAS

